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New Law aquí y ahora

estar en la nube

¿ESTAMOS EN LAS NUBES?

Ya estar en las nubes no es un significado peyorativo de despiste o de desinformación, todo lo contrario, ahora estar en la nube es sinónimo de actual, de futuro, de moderno, de estar al día, somos “cool” si estamos en la nube.Pues eso ha pasado con los despachos, que tenemos que estar en la nube para ser más competitivo, dar más servicio a nuestros clientes, y mantenerlo informado de manera automática en el mismo momento de que se recibe la información. Conquistamos el universo virtual si estamos en la nube, y el que no tenga su parcela que se dé por desaparecido; renovarse o morir.Hasta ahora el sistema tradicional de procuradores, correos electrónicos servían, y el cliente no demandaba más datos que los que el propio letrado o profesional le suministraba, pero ahora, ese sistema no es suficiente; y es lógico, ya que si pensamos en toda la información a la que podemos acceder y que nos llega a tiempo real desde distintos puntos (alguna buena y otra no tanto, alguna solicitada y otra agresiva), entonces es normal que pensemos que los asuntos que nos afectan directamente, queramos estar informados de forma automática.El cliente también se ha transformado, ha evolucionado, considero que a mejor, y siente la necesidad de estar informado en todo momento, y esa demandada de información es por la preocupación actual de todo su proceso, de todo su asunto. Es bueno que el cliente sepa, pues su opinión y decisión sobre su proceso es fundamental, y la tecnología le permite tal servicio.Así, los despachos, que nos debemos al cliente, también tenemos la necesidad de evolucionar, de transformarnos digitalmente, tecnológicamente y virtualmente; por supuesto todo unido a la protección de datos, que con tanto empeño, nuestros legisladores no dejan de “proteger”, que al final no sabes si llamar por su nombre al cliente va a ser un delito.informacion nubeLa transformación digital es el reto global sin dejar de pensar en que el cliente necesita el acompañamiento de los despachos para que les presten apoyo y servicios de consultoría, diseño, desarrollo e implementación en procesos y necesidades empresariales concretas en los que la tecnología está necesariamente involucrada: soluciones en la nube, incorporación de fintech,  fusiones y adquisiciones, desarrollo de políticas de compliance…Y eso es lo que estamos haciendo en Negotia, desde que nuestros clientes puedan tener acceso a sus expedientes virtualmente, hasta implantar el nuevo concepto de “new law”, para seguir estando en la nube.
congreso abogacia angela

Cómo crecer de forma eficiente y sostenible

En el XII Congreso Nacional de la Abogacía celebrado el pasado mes de mayo, tuve la oportunidad de impartir una ponencia con María Eugenia Navarro, socia directora de TamaProjects, sobre “Como crecer de forma eficiente y sostenible” desde el punto de vista de los despachos jurídicos.Todo el argumentario que desplegamos ambas podría resumirse en dos vectores muy simples: generando valor a nuestros clientes y aplicando criterios empresariales. ¿Por qué destacar lo obvio? Pues porque, en realidad, no parece que sea tan obvio. Nuestro sector, el legal, necesita una profunda transformación.Vamos con el primer vector: generar valor a nuestros clientes. No basta con que sepamos mucho de leyes.  Tenemos que saber cómo aplicarlas diseñando una estrategia que sirva para que nuestros clientes ganen. Pero, entendámonos: no que ganen el procedimiento judicial, si no que ganen de la forma que mejor convenga para mejorar  su situación personal, profesional o empresarial. A veces, eso supondrá no ir a juicio, aunque esté ganado. A veces será mejor llegar a un acuerdo con la otra contraparte.Y esto supone un cambio radical en la mentalidad de los despachos. Un cambio para afrontar desde una perspectiva innovadora el reto de asesorar a un cliente. Insisto: no siempre la solución judicial, aunque sea positiva, es la mejor para nuestros clientes.congreso abogaciaUna vez conseguido el cambio de perspectiva, vamos a por el segundo vector al que me refería al principio. Hoy, estoy convencida de que para poder ser competitivos los despachos de abogados deben transformarse en empresas. Es decir, debemos ofrecer un buen producto, porque sin él, difícilmente podremos vender nuestros servicios ante la feroz competencia que hoy existe en nuestro sector. Debemos, además, estar convencidos de que funcionar con  criterios empresariales y el buen ejercicio del derecho no solo no es incompatible, si no que juntos consiguen mejorar la experiencia del cliente, y, en consecuencia, los resultados.En este sentido, es muy interesante la transformación tan profunda que supone el llamado NEW LAW en el sector legal. Una nueva tendencia en el ejercicio del derecho que supone poner el foco en las necesidades reales del cliente. ¿Cómo qué? Pues, por ejemplo, precios cerrados; uso de tecnología para aumentar nuestra eficiencia; diseño de nuevos productos adaptado a las necesidades del cliente; y darle la importancia que se merece a la Inteligencia emocional de personas y organizaciones.Realmente creo que el modelo es eficaz, para los clientes, que están muy satisfechos y para los abogados, que generan más negocio.

Los números hablan

NEGOTIA, el despacho que co-fundé y del que soy socia directora, ha crecido un 500% desde el año 2009. Además de trabajo duro, que es requisito imprescindible, hemos intentado seguir los dos vectores de transformación. Nuestra apuesta por la innovación es constante.Por ejemplo, recientemente hemos realizado un trabajo con Madavi, empresa que trabaja una metodología muy innovadora: la apreciación indagativa. Consiste en descubrir qué es lo que hacemos realmente bien para crecer basándonos en nuestras fortalezas.  Algo evidente, que, por desgracia, muchas veces no hacemos. Una de las cuestiones que nos plantearon fue realizar entrevistas cualitativas a nuestros clientes, preguntando cuál fue su mejor experiencia con un profesional de nuestro sector  y qué cosas mejorarían de NEGOTIA.Se efectuaron unas 50 entrevistas, de manera totalmente aleatoria, a clientes que entraban en el despacho durante tres semanas. Las entrevistas las realizaba un profesional que no era quién les había atendido. El resultado fue que la mayoría estaban muy satisfechos por el trato recibido en NEGOTIA: en más de un 90%, era la mejor experiencia que habían tenido con un profesional del sector. El 85%, por su parte, no mejoraría nada. Y, sobre todo, destacaron la cercanía y la profesionalidad que les hacía sentirse tranquilos. Vemos cómo aplicando esta nueva forma de tratar y ver a los clientes, que conjuga ser técnicamente buenos con defender su interés real, y teniendo en cuenta la parte emocional de personas y organizaciones, hace que el cliente se sienta más tranquilo y muy satisfecho. Y esta experiencia cliente es muy valorada.Así que parece claro que en un entorno global cada vez más competitivo, con un cliente cada vez más exigente y bien informado, hay que transformarse.Se trata de descubrir en qué somos realmente buenos a través de diferentes metodologías. En NEGOTIA lo estamos descubriendo con Miguel Angel Sanz de Madavi. Y. luego, trazar una estrategia empresarial basada en nuestros puntos fuertes. No olvidarnos de comunicar lo que somos y lo que hacemos con una buena estrategia de comunicación, porque si no te ven, no existes. Compartir conocimiento. Ser eficientes en nuestros procesos internos. Ser competitivos en precios,  alineados con la generación de valor para el cliente. Unirnos para crecer, cooperar, para poder dar soluciones integrales al cliente. Todos ellos elementos fundamentales para el crecimiento de nuestros despachos.

La digitalización y la innovación, claves

La digitalización ya ha llegado y nos obliga a transformarnos porque está transformando a nuestros clientes. Un cliente que elige, compara, que quiere conocernos antes de contratarnos, que pregunta el coste de su elección. Un cliente que lo primero que hace es buscar en internet quiénes somos y qué hacemos, así que es imprescindible estar en la red y cuidar lo que transmitimos. Un cliente que ya no viene a buscarnos: tenemos que salir nosotros a encontrarle. Y para llegar a ellos necesitamos tener un plan de marketing.Todos estos cambios de mentalidad en los clientes son pura innovación. Y nos obligan a nosotros, los despachos de abogados, a estar también constantemente innovando. En NEGOTIA  estamos constantemente diseñando productos que generan valor a nuestros clientes.Como por ejemplo Gotogether,  un programa de acompañamiento para las empresas donde, además de la asesoría fiscal y jurídica, ofrecemos un servicio de mentoring para ayudar a las empresas a crecer. Este programa está teniendo una gran acogida por parte de startups, o empresas extranjeras que se instalan en España, o empresas que quieren crecer, e incluso instituciones que ofrecen servicios de incubadora empresarial.Todo, pensado para que nuestros clientes crezcan. Porque si ellos crecen, nosotros también lo haremos. Por eso es fundamental alinearnos con ellos, ayudarles a crecer, que los abogados no seamos una carga, un gasto, sino una inversión, un activo.Ángela de Miguel, socia directora de NEGOTIA
tecnologia abogados

Tecnología y abogados, ¿una mezcla imposible?

Parece ser que nuestro sector es uno de los más reticentes a adoptar herramientas tecnológicas. No es una sorpresa, lo sé. Lo sorprendente es que, tras datos, encuestas y predicciones que demuestran sin lugar a dudas que sin tecnología los abogados nos hundiremos en la insignificancia, persista esta reticencia.Los motivos de este inmovilismo (o, como dice el fundador de Legaltechies, Jorge Morell, “el índice de escepticismo más alto lo tienen los abogados”) son diversos. En mi anterior post apuntaba algunos de los problemas que, a mi juicio, tiene el sector en este sentido. Uno de los cuales, quizás el más poderoso, es el aferramiento al status quo que lleva a cabo buena parte de la abogacía. Sin entender que la única manera de responder a las exigencias del cliente del siglo XXI es adoptar nuevos modelos empresariales.Y en esta transformación, la tecnología es imprescindible. Cierto que defiendo que la innovación no es sólo tecnología, y que el despacho actual tiene que cambiar y adaptarse hacia un modelo empresarial donde generar valor para que el cliente sea el centro de la estrategia de negocio. Pero también es obvio que la tecnología es indispensable para conseguir ese objetivo de “dar más por menos”.De hecho, la tecnología está ya en nuestros despachos. Es decir, incorporarla no es una opción, es una necesidad.informacion en servidoresHoy, los clientes buscan una solución rápida, sencilla y eficiente, al menor coste posible, y las herramientas tecnológicas existentes son nuestras aliadas. Al igual que otros sectores empresariales han incorporado en sus procesos productivos las herramientas que la tecnología ofrece, el sector jurídico no puede mantenerse al margen. ¿Nos imaginamos un sector del automóvil prescindiendo de la tecnología, anclado en los modelos de producción del siglo XX? ¿Entenderíamos que no se aprovechase la innovación para producir vehículos con cada vez más prestaciones a un coste cada día más competitivo?Porque es de esto de lo que estamos hablando. De la gran transformación que se está produciendo en el modelo de prestación de servicios jurídicos. Integrada bajo el concepto anglosajón del New Law, esta transformación no podría ser ajena a la revolución tecnológica que estamos viviendo. Ser disruptivos, innovadores, pro-activos respecto a las herramientas que el mercado pone a nuestro alcance. Este es el único camino si queremos sobrevivir y seguir en el mercado.La abogada Betzaida Nessi, lo describe muy bien: “Los servicios tecnológicos ofrecidos bajo los esquemas de new law han alcanzado un nivel de sofisticación que les permite competir con casi todo el portafolio ofrecido por las firmas tradicionales de abogados”. Herramientas y ventajas competitivas para el sector legalpantalla tactilMucho hay escrito sobre esta cuestión, por lo que no me voy a extender demasiado. Como ejemplo tenemos las posibilidades que ofrece la “nube”, las herramientas de gestión documental, la firma electrónica, los contratos inteligentes, las herramientas para certificar evidencias digitales, ciberseguridad,…El big data, considerado como el producto de mayor valor en los próximos años por encima de cualquier otra materia prima, ofrece una larga lista de posibilidades también en el sector legal. Nos va a permitir almacenar y analizar una cantidad ingente de información, a la vez que podremos conocer y segmentar mejor a nuestros clientes actuales para mejorar el servicio que les ofrecemos, y acercarnos a los potenciales de un modo más preciso.La inteligencia artificial, por su parte, ha llegado para quedarse. Ya existen herramientas que analizan y clasifican documentos, al mismo tiempo que permiten a la propia herramienta “aprender” de los datos que se le proporcionan. El mundo que este conocimiento tecnológico abre es espectacular. Como bien dice Cristina Retana, directora de contenidos e innovación de Wolters Kluwer, “existen herramientas de analítica jurisdiccional predictiva que aportan criterios de probabilidad a la hora de juzgar el resultado de un caso”.El blockchain, poco conocido realmente por la mayoría del sector, aunque estemos hablando de él constantemente, es posible que llegue a eliminar a los intermediarios que hoy dan garantía a diversos tipos de operaciones. La cadena de bloques de información que produce el blockchain construye una base de datos que se distribuyen entre multitud de usuarios que, a su vez, validan la información.Es fácil que estas herramientas – y muchas otras ya en el mercado o todavía no optimizadas – sean percibidas por nuestro sector como una amenaza. Error. Las oportunidades que estas y otras tecnologías ofrecen al sector de los servicios jurídicos son evidentes.Eliminar tareas de poco valor, rutinarias. ¿Quién se acuerda hoy de cómo se buscaba jurisprudencia hace 20 años buceando en aquellos tomos inmensos? Ahora a nadie se le ocurre invertir tanto tiempo en este tipo de búsqueda cuando existen bases de datos que al instante te seleccionan más y mejor.Mejorar la calidad del trabajo. La tecnología nos va a permitir centrarnos en tareas que generen valor para el cliente, invertir tiempo en conocer las empresas, formar parte del equipo, y no limitarnos a redactar un contrato estándar, sin ese análisis previo de los intereses reales que se persiguen para dar satisfacción a nuestro cliente.Abaratar costes. Al final podremos ofrecer “más por menos”, dado que la tecnología va a facilitar nuestro trabajo, ahorrando tiempo en tareas rutinarias y seleccionando mejor la información. Y el cliente del siglo XXI exige eficiencia. La mejora en los procesos abarata los costes y mejora la calidad.Tanto las herramientas como las ventajas son evidentes. Pero cuesta que el sector, en general, las implemente. De hecho, tres de los seis ejes sobre los que pivota el XII Congreso de la Abogacía que se celebra en Valladolid el próximo mes de mayo, versan sobre esta transformación necesaria, inevitable. Abogacía emprendedora, transformaciones sociales y tecnológicas, y gestión eficaz de los despachos.Solo hace falta ser valientes. Abrir los ojos. No tener miedo al cambio.
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Cultura legal, status quo y cambio

Partimos de un hecho: la satisfacción del ciudadano, del cliente al fin, con el entorno legal es baja. Multitud de indicadores nos muestran que el consumidor del siglo XXI es un consumidor que requiere soluciones diferentes. Está acostumbrado a que en otros sectores los servicios sean prestados de manera diferente, y esas exigencias llegan también al sector legal.Y mientras la innovación ha entrado en tromba en otros sectores, el legal sigue viendo cómo la poca innovación que se atreve a llevar a cabo no es, probablemente, la que demandan nuestros clientes. Puede que estemos innovando equivocadamente… o que realmente el sector legal no esté innovando. ¿La abogacía está introduciendo los cambios necesarios?Según Mark Cohen, CEO de Legal Mosaic y uno de los mayores expertos en innovación y sector legal, las respuestas podrían ser varias, pero yo me decanto por la que sitúa a la cultura legal en el centro del problema. Para Cohen, el choque entre los ‘fundamentalistas’ legales, el propio sector y la regulación que atenaza al mundo legal son fuertes obstáculos para los agentes del cambio en nuestro sector.Las resistencias que esta ‘cultura legal’ impone son varias. Por ejemplo, la resistencia a que se hable de empresas del sector legal, a pesar de que vemos cómo cada día nuestros despachos se parecen más a una empresa, o así debería ser porque es totalmente necesario para ser más eficientes, y poner al cliente en el centro.Estas tensiones entre lo nuevo y lo tradicional no son exclusivas del sector legal, claro. También se están viviendo en otros sectores de la economía, por ejemplo, en el conflicto existente estos días entre los taxistas y las empresas VTC, donde se encuentran elementos complejos como nuevos modelos de negocio, tecnología, regulación, atención al cliente, plataformas de digitales, sistemas de captación de clientes.También en el sector legal vemos cómo ya están llegando empresas con nuevos modelos de negocio: Legalitas, Reclamador, grupo Reacciona, Tu appbogado… Y han venido para quedarse, que nadie lo dude.

Siglo XX vs Siglo XXI

Así que nos encontramos con una dicotomía entre aquellos abogados que pretenden preservar la profesión como se entendía en una economía del siglo XX y lo que los clientes del siglo XXI están demandando. Hay despachos que están defendiendo a capa y espada el status quo existente. Pero hay vida más allá de los abogados. Y, sin miedo, tenemos que entender que la incorporación de otros profesionales a nuestro sector no hace sino enriquecerlo.Puedo asegurar por experiencia que el mundo de la empresa tiene mucho talento. No tiene ningún sentido ver como una amenaza que ese talento se incorpore a nuestra actividad como abogados, como empresarias y empresarios del sector legal, debería decir. Su experiencia y conocimiento ayudaran a que nuestro sector sea más competitivo, más eficiente y más volcado en el cliente, y por todo ello, mucho más rentable.app uberEl camino es imparable: estamos viviendo un momento de transformación que llevará a un gremio cerrado a convertirse en un sector legal formado por empresas digitalizadas y multidisplinares. Empresas legales que ofrecerán un mejor servicio a los consumidores actuales, más eficiente, y llegarán a nuevos consumidores que podrán acceder a unos servicios jurídicos con los que ahora no cuentan.El objetivo, por supuesto, es crear valor para los clientes, y ese es un buen objetivo que no puede considerarse que desvirtúa los valores de la profesión, ni la pone en peligro. También es un buen objetivo para nosotros, los despachos: aumentarán los servicios, aumentarán los clientes, por que aumentará la satisfacción de estos. Se romperá la tendencia de acudir al abogado cuando no se tenga más remedio y porque la ley nos obliga.La pregunta es si seremos capaces de romper este status quo, esta cultura legal que atenaza al sector, no solo desde el punto interno, si no también externo, con unas reglas anticuadas, un sistema de justicia desactualizado y unas facultades de Derecho que perpetúan este status quo.Desde que vamos a la facultad se nos enseña a pensar cómo abogados, tenemos nuestro propio lenguaje jurídico, nuestras propias normas deontológicas, estamos regulados por los Colegios de Abogados… Todo esto ha convertido nuestra profesión en algo endogámico, y lo que tuvo su razón de ser en el pasado, se está convirtiendo en un freno para nuestro futuro.Pero no cabe duda de que los abogados seguiremos existiendo en el futuro, que la inteligencia artificial no podrá sustituir a las personas, pero todo ello exige un cambio. Exige que el sector legal se adapte al cliente del siglo XXI y que dejemos de centrarnos en la “profesión” para poner el foco en generar valor para el cliente. Cambiando el foco, el resto de cambios se irán produciendo, sin poner en entredicho el compromiso que desde siempre ha tenido la Abogacía con la Sociedad. Seguimos con vocación de servicio.
cliente motor

El cliente, motor de transformación

Hablar de innovación en el sector legal y no tener a nuestros clientes, reales o hipotéticos, en el centro de nuestra estrategia de negocio es absurdo. Porque la adaptación a las expectativas y las necesidades de este nuevo cliente del siglo XXI es, realmente, el motor de transformación de nuestro sector. Situar al cliente en el centro no es nuevo, por supuesto. Lo que es nuevo es cómo ha cambiado el cliente.Llevo más de 20 años litigando y cuanto más tiempo pasa, más me doy cuenta de que el modelo tradicional del ejercicio de la abogacía no satisface a los clientes de hoy en día. Cuando empecé como pasante, allá por el año 1994, tuve la suerte de aprender con un gran abogado, Alberto Bodero, que me enseñó que lo importante era el cliente. La diferencia entre un despacho que funciona y otro que no, está en esa capacidad para que los clientes entren y se queden.clientes tecnologicosEso sigue siendo cierto, claro, a pesar de que una de las características de los clientes hiper informados a los que hoy ofrecemos nuestros servicios es, digamos, su ‘infidelidad’. Porque estamos pasando del cliente ‘pasivo’ al cliente ‘usuario’, acostumbrado a tenerlo todo a un ‘clik’ y a usar varios proveedores para objetivos distintos.¿Por qué? Porque la digitalización está transformando el mundo, la forma de relacionarnos, de entender, de trabajar… y también está cambiando nuestras exigencias como clientes. No estamos ante un simple cambio tecnológico, es un cambio de mentalidad, es un cambio de modelo de negocio.Ya lo dijo Rosa García, la presidenta y CEO de Siemens España, hablando del proceso de digitalización: “Lo que hay es un cliente distinto, que espera cosas diferentes, productos personalizados, que las soluciones se adapten a lo que necesita y el retorno valor sea máximo”.Es una época, pues, en la que estamos acostumbrados a que los productos y servicios cada vez se adapten más y aporten mayor valor. El big data conforma un cliente cada vez más exigente, que reclama un servicio más personalizado.Como bien dice Adolfo Ramírez, experto en transformación digital, el cliente de hoy es un cliente, que tiene superpoderes. Es un cliente que está todo el día conectado. El estar permanentemente informados nos permite elegir prácticamente online. El cliente ha cambiado y como consecuencia los modelos de negocio y las empresas cambian. No tiene ningún sentido que nosotros, como abogados de esos clientes y esas empresas que han cambiado, no mutemos con ellos.Pero ¿cómo?cliente satisfechoDesde el NewLaw, esta nueva visión del Derecho que poco a poco se está abriendo camino en el sector, se apuesta por dos elementos clave en la orientación al cliente, para que sea algo más que una simple pose discursiva.Por un lado, ser proactivos. Detectar las necesidades de nuestro cliente, incluso señalarle algunos aspectos que pueden llegar a generarle negocio -o evitarle disgustos legales- que todavía no había explorado. Es decir, ser un auténtico business partner para nuestro cliente.En este sentido, estamos viendo como los abogados llamados ‘in company’ o ‘in house’ están cada vez más integrados en la propia gestión de la empresa: comparten y conocen la visión, la misión y los valores de la compañía. En un mundo empresarial cada vez más complejo, todos los profesionales debemos estar alineados para conseguir mejores resultados.Así que los abogados externos ya no podemos ser ajenos a esa visión, misión y valores de nuestros clientes. ¿Qué significa esto? Que estamos obligados a adaptar nuestros consejos legales a las verdaderas necesidades de los clientes, teniendo en cuenta la parte emocional de personas y organizaciones. No podemos ser buenos asesores sin analizar qué espera y necesita realmente nuestro cliente. Sin gestionar sus expectativas.El segundo elemento clave es saber si nuestro cliente está o no satisfecho con nuestro servicio. Conseguir un feed back en tiempo real, que nos permita adaptar nuestro servicio a los cambios que el propio cliente – o su negocio- está experimentando. Porque el cliente también cambia y, con él, necesariamente debemos hacerlo nosotros. Aunque ese cambio sincrónico que va a proporcionar calidad y satisfacción en nuestro cliente es bastante difícil de conseguir si no tenemos una metodología clara y no nos ayudamos de la tecnología.Así que, para poner realmente al cliente en el centro, los despachos de abogados necesitamos iniciar nuestra propia transformación digital, que va mucho más allá de incorporar tecnología. Es una transformación de modelo plena basada en una innovación tanto tecnológica como en prestación de servicios. Las soluciones estándar para todos van a pasar a la historia porque cada vez van a ser menos aceptadas por empresas, entidades y ciudadanos. Cada cliente tiene unas necesidades diferentes, y de un análisis pormenorizado tiene que surgir un producto o servicio que las satisfaga.Hay que investigar qué es lo que realmente están buscando nuestros clientes, segmentar el mercado, y buscar soluciones concretas para cada perfil, innovando en la prestación del servicio.Esto no es un peligro para el sector. Al contrario: este nuevo modelo abre un sinfín de posibilidades, ya que permite la especialización y la diferenciación, ofreciendo soluciones a un cliente que cada vez es más exigente.Esta tendencia imparable permite un dinamismo dentro de la profesión, que ya se está viendo en el mundo anglosajón, donde dentro del NewLaw nos encontramos con abogados haciendo cosas diferentes, con un denominador común: adaptarse a las nuevas exigencias del cliente de hoy, del cliente del siglo XXI.Solo hay que atreverse a “salir de la caja”, a buscar una necesidad concreta de un colectivo determinado o de un sector y atreverse a innovar ofreciendo un servicio que aporte valor, calidad y confianza a nuestros clientes.
newlaw es

¿Por qué New Law?

Porque tenemos clientes del siglo XXI a los que estamos ofreciendo soluciones del siglo XIX. Y, claro, no les sirven. Esto es un hecho. Nuestros clientes, empresas y particulares, cambian: los despachos de abogados también debemos cambiar para dar respuesta a estas nuevas necesidades.

Estamos viviendo una época de importantes cambios: la llamada Cuarta Revolución Industrial, la Era Digital… avances tecnológicos que impactan en nuestras vidas y hacen que las personas y las organizaciones seamos diferentes. Nuestras necesidades son distintas y ello implica nuevas soluciones.

reuniones En el ámbito del Derecho, estas soluciones surgen de la necesidad de dar respuesta tanto a los cambios que experimentan nuestros clientes, como a los que vivimos los propios abogados: tenemos otros valores y queremos trabajar con otras condiciones. De este mix, surge en el mundo anglosajón el llamado New Law.

Para centrar un poco el concepto, el prestigioso analista y consultor del sector legal Jordan Furlong explica que el New Law implica cualquier modelo, proceso o herramienta que representa un enfoque significativamente diferente en la creación o prestación de servicios legales a los tradicionalmente empleados.

Es decir, estamos hablando de todo aquello que innove en el sector legal. Y añado: la clave está en la creación de valor para el cliente.

Un cliente cada vez más exigente, que puede comparar y que nos exige inmediatez en las respuestas que le damos. Es esto lo que, principalmente, está obligando al sector legal a adaptarse a través de la innovación.

Por supuesto hablamos de tecnología. Pero, atención, no solo ni mucho menos. Está claro que uno de los principales apoyos para innovar es todas las herramientas que la tecnología pone a nuestro servicio. Herramientas que son imprescindibles en esa generación de valor en la prestación de los servicios, pero que no son suficientes para satisfacer los intereses reales de los clientes.

¿Qué más hace falta? Esbozaré los seis principales puntos en los que creo se basa el New Law.

Es importante cambiar la forma de entender la prestación de servicios jurídicos, poniendo el foco en los intereses reales de los clientes y tratando de aportar valor. Ya tenemos varios ejemplos, de nuevo en el mundo anglosajón. Por ejemplo, la firma global Berwing Leighton Paisner, que ha diseñado Lawyers on Demand, y que pretende crear un modelo de prestación de servicios flexible, buscando que el cliente perciba cómo el despacho se adapta a sus necesidades.

El NewLaw pues busca modelos flexibles, donde el cliente se encuentre cómodo dado que se adapta a lo que realmente necesita, huyendo de modelos rígidos y estandarizados. Por eso la creatividad y la innovación son determinantes en este proceso de transformación de los despachos de abogados. Clientes diferentes, con necesidades distintas, que exigen flexibilidad y adaptación a sus intereses, obligan a los abogados a adaptarnos y buscar otra manera de prestar servicios jurídicos. 

realidad virtualEl New Law también implica cambiar los modelos de organización interna de los despachos de abogados. Esta nueva forma de entender el derecho surge en parte por aquellos abogados de EE.UU. que trabajaban en grandes firmas, pero que no se encontraban a gusto con las políticas de la empresa, el trabajo presencial, las condiciones para ir ascendiendo dentro de la compañía… Todos estos valores que hasta ahora han primado en el mundo del Derecho ya no se adecúan a una nueva generación de abogados que buscamos otra forma de vida. Y una vocación de servicio, donde se pretende ayudar al cliente, no solo solucionar un problema. El New Law supone, en este sentido, un modelo de despacho más horizontal, donde las reglas de retribución y mejora de condiciones estén relacionadas con el propio crecimiento y bien común, por encima de resultados individuales, que puedan llevar a estrategias a corto plazo, que pueden no ser las mejores para nuestros clientes. Y, por supuesto, modelos de flexibilidad horaria, posibilidad de teletrabajo y planes de conciliación y de igualdad.

¿Y el interés del cliente? El real, el de verdad. Cuantos más años ejerzo el Derecho, más me doy cuenta de que la maldición gitana “tengas pleitos y los ganes” es, en muchos casos, una realidad. Porque el propio proceso es un castigo en sí mismo para el cliente, además del gasto en tiempo y en horas que supone preparar un proceso judicial.  Ya lo dijo Abraham Lincoln, cuando en sus “Notas para una conferencia de derecho“, aconseja a los abogados: “Desalentad los litigios. Persuadid a vuestros vecinos para transigir siempre que puedan. Señaladles cómo el ganador nominal es a menudo un verdadero perdedor en honorarios, gastos y pérdida de tiempo“.

Claro que no siempre es así. En algunos casos, y dado que cada cliente es diferente, el reto del proceso judicial le puede suponer una inyección de adrenalina. Pero a lo largo de mi carrera he sentido muchas veces que ante un conflicto las soluciones tradicionales no se ajustaban a lo que realmente necesitaba el cliente. No sirve valorar únicamente las alternativas que la Ley nos da. He visto en muchas ocasiones como los contratos que se firmaban fruto de negociaciones interminables, eran complejos, largos e ininteligibles, lo que luego genera problemas de interpretación y largos y costosos procesos judiciales. El New Law también busca cambiar esto: es fundamental conocer bien al cliente, poner el foco en sus intereses, y solo después, buscar la mejor solución legal.

La política de honorarios que sigamos también forma parte de los intereses de nuestro cliente. Un punto que siempre me ha preocupado y en lo que el New Law ha supuesto un cambio importante. La facturación por horas, o por procedimiento efectuado, además de ser algo que impide al cliente hacer una previsión del gasto, tiene un efecto absolutamente pernicioso, puesto que no impulsa la eficiencia, sino todo lo contrario: cuanto más se tarde en hacer un trabajo, o más procedimientos judiciales conlleve la satisfacción de este, más ingresos tendremos los abogados. No tiene ningún sentido porque, en realidad, la productividad no se premia.

justiciaY, por supuesto, es imprescindible aplicar criterios empresariales en la gestión de los despachos jurídicos y trabajar con equipos multidisciplinares: el mundo es demasiado complejo como para caminar uno solo. La especialización por áreas me parece fundamental, tarea pendiente en España, donde la mayoría de los despachos que existen están formados por una o dos personas, que hacen un trabajo artesanal. Así empezamos muchos, pero en un mundo cada vez más complejo, con tanta normativa, es complicado ser eficiente y dar un buen servicio sin especializarse.

El New Law, en definitiva, lo que propone es innovar en todas los procesos, herramientas y visiones que podamos para conseguir, más pronto que tarde, un sector legal adecuado a los tiempos que vivimos, a las necesidades y expectativas del siglo XXI.

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