Cultura legal, status quo y cambio

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    Cultura legal, status quo y cambio

    Partimos de un hecho: la satisfacción del ciudadano, del cliente al fin, con el entorno legal es baja. Multitud de indicadores nos muestran que el consumidor del siglo XXI es un consumidor que requiere soluciones diferentes. Está acostumbrado a que en otros sectores los servicios sean prestados de manera diferente, y esas exigencias llegan también al sector legal.

    Y mientras la innovación ha entrado en tromba en otros sectores, el legal sigue viendo cómo la poca innovación que se atreve a llevar a cabo no es, probablemente, la que demandan nuestros clientes. Puede que estemos innovando equivocadamente… o que realmente el sector legal no esté innovando. ¿La abogacía está introduciendo los cambios necesarios?

    Según Mark Cohen, CEO de Legal Mosaic y uno de los mayores expertos en innovación y sector legal, las respuestas podrían ser varias, pero yo me decanto por la que sitúa a la cultura legal en el centro del problema. Para Cohen, el choque entre los ‘fundamentalistas’ legales, el propio sector y la regulación que atenaza al mundo legal son fuertes obstáculos para los agentes del cambio en nuestro sector.

    Las resistencias que esta ‘cultura legal’ impone son varias. Por ejemplo, la resistencia a que se hable de empresas del sector legal, a pesar de que vemos cómo cada día nuestros despachos se parecen más a una empresa, o así debería ser porque es totalmente necesario para ser más eficientes, y poner al cliente en el centro.

    Estas tensiones entre lo nuevo y lo tradicional no son exclusivas del sector legal, claro. También se están viviendo en otros sectores de la economía, por ejemplo, en el conflicto existente estos días entre los taxistas y las empresas VTC, donde se encuentran elementos complejos como nuevos modelos de negocio, tecnología, regulación, atención al cliente, plataformas de digitales, sistemas de captación de clientes.

    También en el sector legal vemos cómo ya están llegando empresas con nuevos modelos de negocio: Legalitas, Reclamador, grupo Reacciona, Tu appbogado… Y han venido para quedarse, que nadie lo dude.

    Siglo XX vs Siglo XXI

    Así que nos encontramos con una dicotomía entre aquellos abogados que pretenden preservar la profesión como se entendía en una economía del siglo XX y lo que los clientes del siglo XXI están demandando. Hay despachos que están defendiendo a capa y espada el status quo existente. Pero hay vida más allá de los abogados. Y, sin miedo, tenemos que entender que la incorporación de otros profesionales a nuestro sector no hace sino enriquecerlo.

    Puedo asegurar por experiencia que el mundo de la empresa tiene mucho talento. No tiene ningún sentido ver como una amenaza que ese talento se incorpore a nuestra actividad como abogados, como empresarias y empresarios del sector legal, debería decir. Su experiencia y conocimiento ayudaran a que nuestro sector sea más competitivo, más eficiente y más volcado en el cliente, y por todo ello, mucho más rentable.

    app uberEl camino es imparable: estamos viviendo un momento de transformación que llevará a un gremio cerrado a convertirse en un sector legal formado por empresas digitalizadas y multidisplinares. Empresas legales que ofrecerán un mejor servicio a los consumidores actuales, más eficiente, y llegarán a nuevos consumidores que podrán acceder a unos servicios jurídicos con los que ahora no cuentan.

    El objetivo, por supuesto, es crear valor para los clientes, y ese es un buen objetivo que no puede considerarse que desvirtúa los valores de la profesión, ni la pone en peligro. También es un buen objetivo para nosotros, los despachos: aumentarán los servicios, aumentarán los clientes, por que aumentará la satisfacción de estos. Se romperá la tendencia de acudir al abogado cuando no se tenga más remedio y porque la ley nos obliga.

    La pregunta es si seremos capaces de romper este status quo, esta cultura legal que atenaza al sector, no solo desde el punto interno, si no también externo, con unas reglas anticuadas, un sistema de justicia desactualizado y unas facultades de Derecho que perpetúan este status quo.

    Desde que vamos a la facultad se nos enseña a pensar cómo abogados, tenemos nuestro propio lenguaje jurídico, nuestras propias normas deontológicas, estamos regulados por los Colegios de Abogados… Todo esto ha convertido nuestra profesión en algo endogámico, y lo que tuvo su razón de ser en el pasado, se está convirtiendo en un freno para nuestro futuro.

    Pero no cabe duda de que los abogados seguiremos existiendo en el futuro, que la inteligencia artificial no podrá sustituir a las personas, pero todo ello exige un cambio. Exige que el sector legal se adapte al cliente del siglo XXI y que dejemos de centrarnos en la “profesión” para poner el foco en generar valor para el cliente. Cambiando el foco, el resto de cambios se irán produciendo, sin poner en entredicho el compromiso que desde siempre ha tenido la Abogacía con la Sociedad. Seguimos con vocación de servicio.

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