Caso de Éxito: Reconocimiento incapacidad permanente total

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Incapacidad de trabajadorY es que, por más que nos empeñemos, un trabajador no puede dar de sí, no puede rendir, si tiene lesiones que limitan la realización en sus tareas fundamentales. Y para eso ha cotizado, para poder estar cubierto en caso de necesidad, le guste o no a la Seguridad Social.

Pero en Justicia hay que demostrar todo; hay que tener presentes los rasgos configuradores de la incapacidad permanente en nuestro sistema de Seguridad Social, que según la Ley General de la Seguridad Social, son:

  1. Que las reducciones anatómicas o funcionales sean objetivables («susceptibles de determinación objetiva»), o lo que es lo mismo, que se puedan demostrar o constatar médicamente de forma indubitada, no cabiendo por ello estar ante meras manifestaciones subjetivas del interesado.
  2. Que sean previsiblemente definitivas, esto es, y como destaca reiterada doctrina judicial, incurables, irreversibles, «siendo suficiente una previsión seria de irreversibilidad para fijar el concepto de invalidez permanente, ya que, al no ser la medicina una ciencia exacta, sino fundamentalmente empírica, resulta difícil la absoluta certeza del pronóstico, que no puede emitirse sino en términos de probabilidad».
  3. Que las reducciones sean graves disminuyendo o anulando la capacidad laboral. Nuestro sistema de Seguridad Social tiene un carácter esencialmente profesional en el que destaca la valoración no sólo de las lesiones y limitaciones en sí sino también su incidencia en el menoscabo funcional u orgánico. Ello, por otra parte, ha de conectarse a los requerimientos físicos exigidos por la profesión habitual (para la incapacidad permanente total) o la de cualquier otra de las ofrecidas en el mercado laboral (incapacidad permanente absoluta).

Y en estas circunstancias estaba nuestro cliente, operario de pintura de una fábrica de automoción, incapacitado para tareas que sobrecarguen de forma moderada/intensa la columna lumbar o requieran posturas forzadas mantenidas por largo tiempo, limitado también para tareas que requieran responsabilidad, estrés (…) ritmo de ejecución y planificación en tiempo determinado; la lumbalgia crónica que padecía, no había mejorado desde el punto de vista analgésico, habiéndole derivado, incluso, a Psicología de Unidad del Dolor, y donde los tratamientos farmacológicos tampoco eran efectivos.

El Tribunal Supremo nos indica que la aptitud para el desempeño de la actividad laboral habitual de un trabajador implica la posibilidad de llevar a cabo todas o las fundamentales tareas de la misma, con profesionalidad y con unas exigencias mínimas de continuidad, dedicación, rendimiento y eficacia, sin que el desempeño de las mismas genere “riesgos adicionales o superpuestos” a los normales de un oficio o comporte el sometimiento a “una continuación de sufrimiento” en el trabajo cotidiano.

Nuestro cliente tenía un padecimiento añadido cada vez que realizaba su trabajo, peligrando su integridad física y soportando un sobreesfuerzo que atentaba a su dignidad no sólo laboral, sino también personal.

Desde Negotia estamos muy satisfechos por la sentencia del Juzgado de lo Social de Valladolid, y el reconocimiento judicial de la situación de incapacidad permanente total a nuestro cliente, que cobrará una prestación del 55% de su base reguladora y podrá realizar otras funciones compatibles con su situación, pero no la de operario de pintura.

 

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