Derecho a la intimidad y nuevas tecnologías ¿Realmente son compatibles entre sí?

0
285

Nuestro presente es el siglo XXI, según el calendario gregoriano, siglo que cronológicamente ya no podemos encajarlo dentro de la Edad Contemporánea, dado que estamos viviendo un cambio importante hacia la Edad Digital, o a la Edad Tecnológica, cuyo germen es Internet.

A día de hoy no somos aún conscientes de lo que se han convertido las nuevas tecnologías para nosotros. Mientras estoy redactando este artículo, estoy empleando un ordenador, y mientras usted lo está leyendo… ¿Qué medio está utilizando? Está claro que no podemos vivir sin Internet, y ello implica que toda nuestra vida gira en torno a él. La incidencia del desarrollo de las nuevas tecnologías en la sociedad ha sido tan importante, que se prevé que en los próximos años, en la mayoría de los países, más de la mitad de la población activa tendrá una ocupación que de una u otra forma dependerá de la informática. Aunque Internet nos ha dado muchas ventajas, también nos ha dado muchos quebraderos de cabeza, puesto que también se derivan una serie de peligros(1).

Es necesario tener en cuenta los derechos fundamentales que son susceptibles de ser vulnerados a través de Internet, a los que podemos encajar dentro del “Derecho a la intimidad”, un derecho muy protegido por la mayoría de los ordenamientos jurídicos (incluido el nuestro), recogido en el Art.18.1 de la Constitución, (tal y como se desprende del precepto, “se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen”), cuyo desarrollo está en la Ley Orgánica 1/1982. A pesar de ello, tampoco sabemos muy bien cómo proteger realmente este derecho.

La garantía que se nos ofrece no parece ser muy eficaz, dado que somos nosotros mismos los que estamos ofreciendo y cediendo información todo el tiempo mientras utilizamos internet sin que nadie lo controle fehacientemente y sin que nosotros nos demos cuenta. Por decirlo de otra manera, estamos tirando piedras a nuestro propio tejado. Vamos a clarificar esto con un ejemplo:

Imagínese que vamos a comprar cualquier producto por Internet (práctica bastante habitual), y nos metemos a un servidor como Google para encontrar una página web donde se realicen ventas online como eBay o Amazon. Para poder realizar esa compra, necesitamos dar una serie de DATOS PERSONALES: Nombre, apellidos, fecha de nacimiento, correo electrónico (que prácticamente sin él, no puedes hacer nada en Internet), número de tarjeta…etc. Todos estos datos son prácticamente OBLIGATORIOS si queremos comprar algo por Internet. Lo mismo ocurre si queremos hacer alguna reserva de billetes, el alquiler de un piso, una subasta, e incluso la matrícula de la Universidad.

Un ejemplo más sencillo y sin necesidad de registro es el uso de Youtube, con un nivel de audiencia que supera con creces a la televisión. Hablamos de un medio que tiene que mil millones de usuarios al mes con millones de subscripciones al día. Si buscamos una serie de vídeos según nuestros gustos personales (como por ej. un cantante), Youtube enseguida va a conocer nuestras preferencias, dado que esa búsqueda ya está registrada. Al día siguiente, si nos volvemos a meter a Youtube, en la página de inicio nos aparece una sección de “Qué ver”, y con una serie de vídeos muy similares al vídeo que vimos el día anterior… ¿Curioso verdad?

De alguna u otra manera, estos datos son una huella que dejamos en Internet, cada cosa que tecleemos, (búsqueda, registro, conversaciones…etc) va a quedar registrado… ¿Pero dónde? ¿Para qué? Probablemente se encuentren en las bases de datos de las grandes empresas como “Google” o “Apple”, y todo este tipo de información tiene un gran valor económico dado que es lo que buscan. En otras palabras, nos hemos convertido en el producto de esas empresas.

Por otra parte, este aspecto es relevante para la seguridad internacional, aunque es cierto que tan sólo se podrá acudir mediante una autorización judicial previa salvo casos excepcionales, indicios racionales y fundados…etc. pero tampoco tenemos la certeza de que se haga en esos casos tan específicos. Richard Ledgett, 15º subdirector de la conocida NSA, se ofreció a contestar algunas preguntas que le formularon en el congreso anual de “TED”, organización sin ánimo de lucro dedicada a las “Ideas dignas de difundir”, acerca del ya conocidísimo “caso Snowden”.

Respecto a si Snowden tenía otros medios para “hacer lo que hizo”, Ledgett explicó de forma muy difusa que sí existían otros medios. A su vez, enfatizó que Snowden había puesto vidas en peligro, dado que conoce mejor que los redactores de la constitución cómo debería diseñarse y funcionar el gobierno. Pero para justificar el acceso (abusivo) a tantísimos datos, emplea argumentos como “objetivos legítimos extranjeros”, referidos a los traficantes de drogas, trata de seres humanos, terrorismo…etc.

Lo que también se le pregunta es el uso de metadatos, es decir, lo que recopila la NSA no son las palabras de un correo electrónico ni una conversación telefónica, sino que recogen a quién se lo mandó, desde donde, para qué…etc. Ledgett afirma que son importantes puesto que te permiten acceder a información para encontrar conexiones que la gente trata de ocultar, pero que eso no se suele hacer como metadatos de la “gente común”(2).

Nadie nos asegura si esos datos están siendo investigados o no, por lo que el acceso de la NSA a correos electrónicos, contraseñas…etc se trata de una intromisión exorbitante a nuestra intimidad. Aunque Ledgett afirme que no se suele hacer con “personas comunes”, nada ni nadie nos garantiza que lo hagan en algún momento. Este tipo de conducta debe estar tipificada en cualquier sistema jurídico, dado que las nuevas tecnologías se están convirtiendo en algo inherente a nosotros. Estamos completamente desprotegidos ante este tipo de conductas, ahora mismo yo no sé si alguien (que no esté a mi alrededor) está ahora mismo viendo lo que estoy escribiendo desde mi ordenador.

Sí que es cierto se ha sancionado a las grandes empresas, aunque de forma esporádica, como a Google por la Agencia de Protección de Datos por vulnerar gravemente los derechos de los ciudadanos: “Google guarda datos de los usuarios durante periodos de tiempo indefinidos e injustificados, obstaculiza- y en algunos casos impide- el ejercicio de los derechos de acceso”.(3)

Es más, estos aspectos han llegado a tener transcendencia hasta en los videojuegos como “Watch Dogs”, donde desde un móvil el personaje es capaz de hackear cámaras de seguridad, semáforos, alarmas…etc. De forma más remota, también han incidido en la cultura, como sabemos en la conocidísima novela de George Orwell “1984”, en un mundo donde absolutamente todo lo que expresamos se sabe por el “Gran Hermano”.

Está claro que cada vez resulta más difícil proteger estos datos pertenecientes a nuestra intimidad, dado que se necesitan más medios, por lo que nos encontramos indefensos ante las posibles amenazas que acecha Internet. Tampoco debemos quedarnos de brazos cruzados, si el ser humano ha llegado a crear medios para algo tan imposible como volar, considero que debemos ser capaces de tener medios para protegernos de las amenazas de internet que van creciendo de forma exponencial.

Alba E. Álvarez
1. Derecho y conocimiento, vol. 1, pags. 35-48, ISSN 1578-8202. Facultad de Derecho. Universidad de Huelva
2. Conferencia “TED” 2014, disponible en Youtube.
3. “El Mundo”, 19 de Diciembre de 2013.