Más allá del fútbol

licencia única deportiva

La licencia única o cómo romper una federación

Bienvenidos a mi blog sobre Derecho del Deporte. Que lleve el título de ‘Más allá del fútbol’ es toda una declaración de intenciones. Nos va a costar. Queramos o no, el fútbol nos invade, acapara los medios. Pero no todo es fútbol. Y menos en Derecho Deportivo. La legislación al respecto es amplísima, aunque la principal ley, La Ley del Deporte, lleve años esperando a ser reformada, mejorada y adecuada a los tiempos que corren.

Veréis, empiezo por una historia fallida cuyos efectos colaterales viví en primera persona: la licencia única.

En el año 2014, se trató de introducir una modificación en el artículo 32.4 de la Ley del Deporte —de ámbito estatal— para que las licencias deportivas emitidas por cualquier federación deportiva de ámbito autonómico habilitaran al deportista para participar en cualquier competición oficial. Fuera ésta de ámbito autonómico —en la propia federación o en otra territorial—, o estatal. Pero esta reforma se planteó con tantas dudas, y se recibió con tanta crítica, que el desarrollo reglamentario que anunciaba no llegó nunca. Y su vida fue efímera.

Cuatro años más tarde, el Tribunal Constitucional, en sentencia de 12 de abril de 2018, declaró, sin declararlo, que la nueva redacción del artículo 32.4 era inconstitucional, por invadir competencias de las Comunidades Autónomas. Y, en consecuencia, la denominada licencia única únicamente habilita para participar en competiciones oficiales de ámbito estatal, manteniendo lo que se denomina efecto vertical. Para este viaje no hacían falta alforjas.

Al final, una de las razones más importantes de llevar a cabo la reforma de la Ley del Deporte, la unificación de licencias para abrir todas las competiciones a los federados no ha llegado a llevarse a cabo.

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firma convenioLa guerra por el dinero

Para mayor pena de la reforma, se han sumado efectos colaterales: las relaciones de algunas federaciones autonómicas con sus homólogas estatales se han deteriorado. Porque en el mundo federativo, no todo es deportividad y fair play, y las públicas luchas de poder que se conocen en las grandes federaciones, se reproducen con similar fiereza en las más pequeñas. A veces sin explicación.
Os cuento un caso concreto. La reforma de la que estamos hablando también anunció la regulación reglamentaria del reparto de los ingresos por licencias, marcando ya unos procedimientos algo “peculiares”.

Por ejemplo, se articula una intervención en las federaciones por parte de la administración deportiva. Unas federaciones que, no lo olvidemos, son entidades privadas. ¿Cómo? La reforma preveía la necesidad de mayorías cualificadas en las asambleas de las federaciones estatales para aprobar el reparto de los recursos económicos obtenidos por las licencias. Pero en caso de no alcanzarse ese acuerdo, quien decidiría sobre el reparto sería un órgano independiente designado entre el Consejo Superior de Deportes y las Comunidades Autónomas.

Y este punto desató la guerra en algunas federaciones, incluso en aquellas que ya tenían acordado el reparto, y, por ello, no estaban obligadas a adoptar medida alguna.
Errores de estrategia por parte de las presidencias de algunas federaciones nacionales, por exceso de celo, o por fallos en el cálculo de los apoyos con que podrían contar, derivaron en conflictos abiertos que provocaron una inestabilidad de difícil solución. Así, las autonómicas que no apoyaban las presidencias de federaciones estatales decidían cerrar el grifo del dinero a la estatal, y retenían, en contra de los acuerdos firmados, los cánones que debían aportar.

atletismoLa consecuencia: algunas federaciones nacionales débiles y sin recursos, y federaciones autonómicas que, en algunos casos, deciden pescar a rio revuelto. En las elecciones de 2016, el acoso y derribo finalizó con cambio en la presidencia de algunas federaciones estatales.

Cría cuervos y te sacarán los ojos, dice el sabio refranero. Está pasando lo que tenía que pasar. La paz, la concordia, ha durado poco, porque a aquellos que apoyaron el cambio en algunas de estas presidencias únicamente les unía el enemigo común. No compartían el interés por el crecimiento de su deporte; ni el afán por hacer las cosas bien; ni siquiera, probablemente, conseguir lo mejor para su federación autonómica. Quizás ni siquiera ellos conozcan los motivos reales de aquellas alianzas, y yo no voy a aventurar en público mis sospechas. Pero la guerra sigue, y dejará más cadáveres por el camino. Esperemos que no se lleven por delante al deporte en general ni a ninguna federación.

balones

La cuestión es que la reforma de la Ley del Deporte, más que necesaria, circula por vía lenta. El cambio de gobierno, la falta de estabilidad política, y los anuncios, repetidos, de una nueva ley del deporte (necesaria) han cerrado en falso aquella crisis. Paciencia.

Mientras, otra ola de reformas normativas en las leyes autonómicas se adelanta a la del estado central. Pero eso es otra historia. Y las federaciones deportivas, tanto las territoriales como las de ámbito estatal, con sus equipos jurídicos —las grandes—, o sus asesores externos —el resto— están a la espera de valorar cualquier novedad normativa que afecte a su actividad.
Continuará.

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Juan Ignacio Hernández García

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