Nuestra socia directora escribe para Expansión sobre el derecho colaborativo

0
511
Expansión

Nuestra socia directora ha escrito para Expansión sobre el derecho colaborativo y expone que no merece la pena que las empresas resuelvan sus conflictos en un juzgado incluso cuando ganan ya que el tiempo y el dinero perdido nunca es plenamente compensatorio.

Negotia es un despacho experto en negociaciones que se centran en optimizar el tiempo y los recursos de las empresas, sin desgaste y centrándose en que todas las partes salgan beneficiadas.

Si quieres entender un poco mejor como se desarrolla el derecho colaborativo llevado a cabo por el departamento jurídico de Negotia desde hace más de 5 años con resultados plenamente satisfactorios, puedes leer el artículo completo de Doña Ángela de Miguel que publica Expansión, aquí.

Las empresas necesitan menos juicios y más derecho colaborativo para ahorrar tiempo y dinero.

La verdad es que en el 90% de los casos la respuesta, honestamente, sería no, no vale la pena, aunque ganemos. Hemos perdido tiempo, energía y, en el caso de las empresas familiares, probablemente hemos abierto una brecha emocional difícil de cerrar. Disfruto siendo procesalista, pero en la mayoría de los casos les recomiendo a las empresas cuando acuden a mí que, si es posible, eviten la vía judicial.

Sé lo que están pensando: otra vez a vueltas con la mediación y el arbitraje. Pues no. Vayamos un poco más allá. Vayamos a los intereses de las partes en vez de a las posiciones.

Cuando a Roger Fisher le encargaron mediar entre Egipto e Israel por el control de la Península del Sinaí, en 1978, lo intentó con una mediación clásica. Pronto se dio cuenta de que las posiciones de ambos actores eran totalmente incompatibles con llegar a un acuerdo: aparentemente tanto Egipto como Israel querían lo mismo. Pero Fisher observó que, si el foco se ponía en los intereses en vez de en las posiciones, había un atisbo de esperanza para llegar a un acuerdo, como así fue. En realidad, Egipto quería el territorio e Israel buscaba seguridad. Enfocarlo en los intereses amplió el abanico de posibles soluciones.

No hace falta que una empresa llegue a extremos tan graves como al que tuvo que enfrentarse Fisher, pero lo cierto es que una compañía a menudo debe lidiar con conflictos de diversa índole, tanto laborales como mercantiles. A veces tendremos clara nuestra posición. Pero, atención a Fisher y su método Harvard: ¿qué hacemos cuando nuestros intereses no coinciden con nuestra aparente posición?

Un ejemplo fácil para entender esta aparente contradicción: tenemos un conflicto con un directivo respecto al cumplimiento de su horario. Pero esta persona es una pieza valiosa para la compañía. Nuestra posición es que no puede incumplir el horario que hemos establecido por ser un mal ejemplo para el resto. Nuestro interés es que siga en la empresa y no perdamos su know how. Obviamente, lo inteligente es conseguir nuestros intereses, no mantener a toda costa nuestra posición y mucho menos a través de un caro y desgastador juicio. Un juicio que, aún ganándolo, no nos convendría empresarialmente porque el juez, probablemente, nos daría la razón y tendríamos entre manos un despido procedente. Muy bien pero, ¿y qué? Si yo lo que quiero es mantener a esa persona en plantilla.

Un apunte sobre ir a juicio. No es trivial recordar que la ley, aunque a menudo interpretable, dicta una misma solución en función del caso presentado, pero sin tener en cuenta circunstancias concretas de, en este caso, la empresa que entre en litigio. La ley no es un traje a medida en función del momento que esté viviendo la empresa o de los intereses que subyacen más allá de lo que estrictamente se esté juzgando.

Pero, atención, partir de esos intereses que tiene mi empresa (y de la contraparte) no es una cuestión solo de mediación o arbitraje. Es algo más. ¿Por qué? Para empezar, de la mediación se encarga un profesional que busca el entendimiento entre las dos partes, pero no representa a ninguna de ellas. En cambio, en derecho colaborativo cada parte tiene a su propio abogado o abogada, expertos ambos en este tipo de negociación, claro. Esta diferencia es crucial porque sabes que tienes a un abogado que mira por tus intereses, tienes el control de tus decisiones.

La segunda ventaja es que estos dos abogados están obligados a llegar a un acuerdo porque en caso de no conseguirlo e ir a juicio, los dos letrados no podrán representar a su cliente. ¿Por qué? Porque todo lo que se diga en la sala donde se lleve a cabo la negociación colaborativa no puede ser usado en un hipotético futuro juicio. Esto genera confianza: cuentas con la seguridad de que ese abogado que tienes hoy enfrente, mañana no te va a destrozar en un estrado con información que se ha puesto sobre la mesa durante la negociación colaborativa.

Estoy convencida de que el derecho colaborativo, la negociación que se opone de algún modo a la clásica negociación distributiva, es el futuro para la mayoría de conflictos que una empresa debe afrontar a lo largo de su trayectoria vital. Economiza tiempo, dinero y energía. Y deja que los empresarios y empresarias nos centremos en lo que de verdad importa.

Consulta la información de nuestro proyecto sobre derecho colaborativo: xDC-Por el Derecho Colaborativo