El derecho de familia, hoy

divorcio separacion

La pareja se rompe, la familia no

Estreno blog. ¿Otro blog más de Derecho de Familia? Pues sí, no nos vamos a poner estupendas a estas alturas… pero no. Este no es un blog al uso, porque no os voy a contar cómo ganar un juicio por divorcio, cómo ‘machacar’ a vuestra – hasta hace dos telediarios – ‘media naranja’. Este blog va justo de todo lo contrario. Porque el Derecho, si se ponen los verdaderos intereses de los clientes en el centro, puede ejercerse de muchas maneras.

Os voy a contar una historia. Llevo muchos años dedicándome al Derecho de Familia. He llevado muchos divorcios y, claro, he visto de todo. He visto como muchas relaciones entre padres e hijos se han roto totalmente debido a una mala gestión de la ruptura de la pareja. Pero hubo un caso que me dejó especialmente estupefacta.

La hija de una de esas familias que tras el divorcio judicializan absolutamente todas las decisiones a tomar sobre los hijos me preguntó: “Paula, cuando sea mayor de edad, ¿puedo ir a hablar con el juez?” Sorprendida por la pregunta y por la seriedad con la que lo dijo le respondí: “¿Para qué?”. “Para decirle que no me ha ayudado en nada, que no me ha escuchado, que he estado sufriendo por su culpa, que mis padres decían que él es el que tenía que arreglar nuestra familia y no lo ha hecho”. Mi clienta, madre de la menor, bajó la cabeza sin poder mirarme. Desde ese día todo fue distinto: ya no se habló más de acudir al juez para que decidiese cada cosa que a uno de los dos progenitores divorciados no les gustaba del otro.

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Escoge tu camino

Desde ese día dejamos de hablar de pasado y empezamos a ESCUCHAR, a hablar de FUTURO, de INTERESES, a VIVIR. Existen otras maneras de afrontar un divorcio, con generosidad por ambas partes, para que lo único que se rompa sea la pareja, no la familia.

Es lógico que nos cueste gestionar una ruptura de este modo. Son muchas las parejas que, en ese momento, tienen el afán de terminar cuanto antes, de poner distancia de por medio, y esto es algo normal porque en nuestro subconsciente todavía entendemos que un divorcio o una ruptura de pareja es un fracaso, una derrota… Pero pensar así es un error. Este pensamiento negativo debemos transformarlo y ser conscientes de que hemos compartido con nuestra pareja, elegida libremente, una experiencia vital, y con la que hemos formado una familia. Por algo habrá sido.

No tiene sentido (excepto en casos muy extremos) que, de repente, el padre o la madre de nuestros hijos sea la peor persona del mundo. No tiene lógica ninguna el pensar que hay que ir “a por ella”, “a la guerra”, como alguna vez he oído. Hay que tener muy claro, insisto, en que la pareja se rompe, pero la familia no.

Nuestros hijos nos van a seguir necesitando, vamos a tener que seguir estando ahí, las dos personas como una piña. Y si antes nos preocupaba su evolución y su formación personal, ahora con más razón. Ellos, los hijos, tienen que sentir que su vida sigue teniendo estabilidad. Puede ser que una semana vivan con un progenitor y otra, con el otro o que pasen más tiempo con uno de los dos. Pero su vida debe seguir igual en el sentido de que deben seguir sabiendo qué este bien hecho y qué no; lo que está permitido y lo que no lo está, con independencia de si están con uno o con otro progenitor.

juzgado

Pero, aun siendo esto obvio, hay familias que judicializan totalmente su vida tras un divorcio. O, mejor dicho, judicializan la vida de sus hijos. No se ponen de acuerdo con a qué colegio deben de acudir los niños: al juzgado que van. No hay consenso en si el niño o la niña puede tomar la comunión: de nuevo al juzgado. Discrepan sobre si puede ir de excursión al extranjero, si se puede hacer el pasaporte, el D.N.I, si se puede operar de fimosis, si tiene que acudir al logopeda, o incluso si se ha cortado el pelo sin la autorización del otro… Son lo que yo llamo familias rotas, donde la figura de los progenitores ha desaparecido y ha surgido una figura en la esfera familiar, “el juez”, al cual se acude cual tótem para que decida sobre todas estas cuestiones ordinarias y frecuentes en la vida de cualquier niño.

Por cierto, que los juzgados se están viendo desbordados por todas estas cuestiones domésticas que se les están planteando y en muchas ocasiones las sentencias no se pueden dictar con la premura necesaria. El resultado es que hay muchos más niños de los que pensamos que no han podido acudir a viajes de inmersión lingüística, a excursiones de fin de curso, al viaje a la nieve…

En otras ocasiones, las divergencias provienen de la redacción de la sentencia o del convenio regulador que de mutuo acuerdo firmaron. Y es sorprendente ver como en muchos casos las personas han firmado un documento, pero desconocen o directamente no entienden lo que han pactado. Esto responde sin duda a esa prisa de la que hablaba, a ese cuanto antes, hoy mejor que mañana, al no haber trabajado los acuerdos, al no haber dejado tiempo a que las heridas si existen cicatricen.

Niño pequeño jugando

Y mientras tanto, los hijos, a los que ambos progenitores quieren con locura, se encuentran perdidos en un mundo de mayores, de juzgados, de sentencias… Y en su vocabulario empiezan a aparecer nuevos vocablos: guarda y custodia, recursos, pernocta, patria potestad. Ven como sus padres, a los que admiran, van cambiando: ya no están tan alegres como antes, ya no se hacen cosas en familia, ya no se puede hablar de papá o mamá, o de mamá y mamá, o sea el que sea el modelo de familia que hayamos construido. Al contrario, se les somete a un tercer grado para saber todo lo que han hecho cuando han estado con un progenitor u otro; o ya no se puede ir de fin de semana porque “los abogados son muy caros”.

Parece obvio que ese no es el mejor camino para que nuestros hijos e hijas vivan un divorcio. Hay otra manera de hacerlo. Más generosa, más empática, más cuidadosa con la evolución personal de nuestros hijos. Y de esto, de las técnicas, posibilidades y ventajas que este ejercicio del Derecho tiene para toda la familia, además de las últimas novedades en Derecho de Familia, es de los que os hablaré de ahora en adelante en este blog.

Empezamos.

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Paula Aller Franco

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